¡Bienvenidos a nuestro Blog!

Somos Francisco y Leticia, dos personas interesadas en conocer la realidad desde una perspectiva diferente. Nuestra meta es conocer los lugares y las personas que los habitan sin otro filtro que nuestros propios sentidos.
Creemos que existen verdaderas conexiones entre todas las personas que habitamos el planeta y queremos descubrir esos lazos, tratando de franquear las imposiciones formales de las fronteras, los idiomas y las ideas políticas.
Ésta es la historia de un viaje de varios meses por América Latina en el que conocimos diferentes culturas e incontables historias, compartimos tristezas y alegrías. Nuestra intención es mostrar a través de imágenes y palabras que en Latinoamérica existen todavía hoy, seres maravillosos e injusticias intolerables… Nuestra meta finalmente es contribuir a desentrañar los verdaderos lazos que nos unen, entender mejor las diferencias y trabajar para que todos tengamos una vida más libre y feliz.
En Marzo de 2008 viajamos al corazón del Amazonas Brasilero, sin saber que al año siguiente emprenderíamos un viaje de casi 6 meses por gran parte de Latinoamérica, mientras nos preparamos para continuar nuestro viaje a la comprención y el descubrimiento, los invitamos a revivir nuestro recorrido desde sus comienzos y dejar sus comentarios, críticas e impresiones.
Muchas gracias

Bolivia V - El regreso a la Argentina

Entre tristeza y esperanza. ¿Utopía o Eutopía?
Mientras atravesábamos los últimos kilómetros de tierra que van de Sucre a Gutiérrez, una piedra tuvo la puntería de romper la bomba de nafta del auto, razón por la cual quedamos parados un par de horas a la vera del camino, hasta que Francisco con Poxilina logró que el auto volviera a arrancar. Llegamos a Gutiérrez más tarde de lo pensado y con mucho para agradecerle al pegamento que a esa altura había servido para reparar todo tipo de roturas. Nos dirigimos a una escuela de salud llamada Tekove Katu que dirige el padre Tarcicio Ciabatti, un padre tercermundista italiano que hace mas de 15 años puso en funcionamiento este proyecto, que apunta a capacitar a jóvenes indígenas en enfermería y salud ambiental para que puedan responder a las necesidades de sus comunidades. Por esta razón aunque la formación dura 4 años, los estudiantes que son elegidos por su comunidad, estudian 3 meses en la escuela y vuelven 3 meses a practicar lo aprendido a su propia comunidad. La idea del proyecto no es transmitirles una medicina occidental y tapar los conocimientos que traen de su cultura, sino que abrazan el desafío de lograr formar “Ipayes” o Chamanes modernos. Se busca que fortalezcan sus tradiciones y se les acerca la posibilidad de recuperar la lengua y la cultura de los pueblos a los que pertenecen. Actualmente la escuela tiene aproximadamente 150 alumnos que vienen de pueblos originarios de todas las etnias y de todos los puntos geográficos de Bolivia. Hay Guaraníes, Quechuas, Aimaras, Guarayos, Chiquitanos, etc.
Los sábados por la noche los alumnos preparan lo que llaman “La Noche Cultural”, en la cual invitan al padre y a los profesores a disfrutar de cantos, bailes y tradiciones representativas de cada uno de sus pueblos. Quedamos admirados por el alcance del proyecto y para contribuir de alguna manera, se nos ocurrió proyectar la película “Baraka” y organizar un debate sobre ella. La película refleja las maravillas de nuestro mundo y muestra las distintas caras de la humanidad, hay imágenes de pobreza, alineación, modernidad, guerra, ruinas, ritos, cultura y tradición. Los chicos se asombraron y se interrogaron sobre muchos de los mensajes que la película deja entrever: “la pobreza de las ciudades es mas difícil que la nuestra”, “me alegra saber que hay comunidades en el mundo que conservan sus creencias y ritos que nosotros hemos perdido”, “siento impotencia porque no podemos hacer mucho frente al poder del imperialismo”, “yo siento tristeza por las guerras y la destrucción”, “yo siento rabia porque primero contaminan, enferman y después nos venden los remedios...” Primero la mayoría hablaba de tristeza hasta que uno se animó a hablar de rabia y la bronca-impotencia se generalizó, fue cuando fue necesario introducir la esperanza y la concientización-unión como herramienta para trabajar por las utopías/eutopías.
El regreso...
Embebidos de voces, pensamientos, bailes y tradiciones aborígenes, y satisfechos por haber podido compartir además nuestra cultura cordobesa, proseguimos el regreso a Argentina. En Argentina nos recibió un corte de ruta en Tartagal (Salta) de los inundados que no han recibido ni compensaciones ni ayuda, por lo cual llegamos más tarde de lo esperado a Libertador San Martín (Jujuy) en dónde pensábamos visitar una agrupación llamada Capoma. CAPOMA (Centro de Acción Popular Olga Martinez de Aredez) es un grupo comprometido en la defensa de los Derechos Humanos, su principal objetivo es luchar por juicio y castigo para los responsables de los desaparecidos-detenidos en los apagones del terror, sucedidos durante a dictadura militar en complicidad con la empresa de azúcar y papel LEDESMA, que elaboraba las listas negras para los militares y prestaba vehículos y personal para los secuestros!!! CAPOMA tiene sede en la propia casa de Olga a quien le desaparecieron a su marido en los años 70´. Él era médico del sindicato de azucareros de Ledesma que empezó a advertir la explotación y enfermedades que generaba el ingenio. La casa es un oasis para la memoria, testigo fiel de una vida de lucha por la justicia. Lo interesante es que los jóvenes que continuan la lucha, no pelea solo por esa causa sino que hace suyas muchas otras por las que vale la pena luchar: los atropellos que actualmente sufren los pueblos originarios, los abusos de poder y la contaminación ambiental. Muy a pulmón, este grupo de personas que no recibe apoyo financiero de nadie, trabajan ad-honorem, por los problemas de los que no tienen voz.
Para conocer de cerca la realidad que viven nuestros hermanos originarios, acompañamos a Julio y Martina a conversar con los líderes de un asentamiento Wichi, en Salta llamado Lote 75. Allí conocimos a Luis, el cacique y a Hermelinda una representante indígena que desde hace años trata de ayudar a su comunidad. Ellos nos contaron su difícil situación, las inundaciones que sufren cada año los obligan a abandonar todo, perder lo poco que tienen y volver a empezar. Pero cada vez están más desanimados... los escuchamos y grabamos un video para ayudarlos a dejar de padecer en silencio.
Con el compromiso interno de acompañar la lucha indígena y el profundo convencimiento de no volver a comprar productos Ledesma, continuamos nuestros últimos kilómetros hacia Córdoba.

Bolivia IV - Sucre

Rastros de gigantes
Estamos en Padilla, un pueblo a 150 km de Sucre. Desde hace varias horas esperando a que llegue la única persona que vende nafta en la zona. La “estación de servicio” consiste en un cuartito de madera sin surtidor en medio de un camino de tierra y que tiene un número de celular escrito con una piedra sobre la chapa. Llamamos y la espera se hizo larga porque el señor se encontraba a varios kilómetros del lugar, pero finalmente llegó y nos cargó de un bidón con una manguerita. Lo más sorprendente es que ésa es la gasolinera oficial, la única que figura en el mapa en muchos kilómetros…
El pueblo lleva su nombre por Manuel A. Padilla, un criollo que luchó por la independencia del Alto Perú, esposo de la mestiza Juana Azurduy, una guerrillera boliviano-argentina que participó en las luchas por la emancipación americana. Juana fue una líder revolucionaria que peleó junto a su marido, y luego de su muerte y la de sus cuatro hijos a manos de los realistas, combatió embarazada de su quinta hija. Organizó de nuevo el ejército y aunque muchos desertaron porque no querían estar al mando de una mujer, continuó su lucha y ganó importantes batallas, llegando a recibir el título de teniente coronel. Juana Azurduy, la flor del Alto Perú, como dice la canción, quien combatió junto a Belgrano y Güemes, no llegó a ser reconocida y murió a los 82 años pobre y olvidada. Su reconocimiento vino después… hoy en día los monumentos en su honor son comunes por la zona y sus cenizas se encuentran en la Casa de la Libertad, el museo más importante de Sucre.
Estuvimos en Sucre más días de lo pensado, en parte porque nos enteramos de que a 5 km se encuentra el yacimiento de huellas de dinosaurios más grande del mundo y pudimos participar de un trabajo de campo que realizaba un geólogo suizo durante esos días para verlas de cerca. Sumado a esto, cuando estábamos por irnos de la ciudad nos robaron la única llave del auto, lo que significó un problema difícil, pero con solución.
Sucre es una ciudad colonial muy bella y con mucha historia, es la verdadera capital de Bolivia (y no La Paz como generalmente se cree, ya que luego de muchas disputas y de una guerra civil se estableció como sede de gobierno, quedando los poderes del estado fragmentados geográficamente). Históricamente es muy importante ya que, un 25 de mayo de 1809, se declara ahí la independencia. En la Casa de la Libertad uno puede palpar la conflictiva historia política del país. Empezando por Bolívar, el primer presidente designado, que como tenía el sueño de un gran país que comprendiera Colombia, Venezuela, Ecuador y Bolivia, en vez de firmar como presidente de Bolivia lo hace como de la Gran Colombia. A él le sucede Sucre, quien deja el cargo cuando lo intentan asesinar, cosa que consiguen hacer con el primer presidente constitucional en 1825, a tan sólo 4 días de asumir el cargo. Los sucesos posteriores no fueron mucho mejores, incluyendo más asesinatos, derrocamientos, cortos gobiernos democráticos y varias dictaduras militares. Al actual presidente, el primer indígena en alcanzar la presidencia, no le pronosticaron mucho tiempo, pero allí está, a punto de terminar su mandato para alegría de muchos y bronca de otros…
Lo cierto es que Bolivia es muy diversa étnica y geográficamente, existen discordias ancestrales entre quechuas y aimaras, collas y cambas, Oriente y Occidente, ricos y pobres, criollos e indígenas… resulta urgente encontrar unión y dejar las diferencias de lado, antes de que termine fragmentada y repartida entre sus países vecinos. Existen 36 pueblos indígenas que necesitan ser reconocidos en sus derechos y que representan el 70% de la población de Bolivia, el resto son mestizos y una minoría blanca dominante que ve mal la nueva constitución porque les da “demasiados” derechos a los indígenas. Sin embargo, algunas de las personas que ven negativamente al gobierno de Evo Morales, nos ayudaron incondicionalmente y nos abrieron sus casas en momentos que más lo necesitamos. Cuando nos robaron la llave, afortunadamente habíamos dejado el auto frente a la farmacia de Lucha, una mujer de 82 años que vive sola con su marido en una casa de 42 habitaciones. Desde el primer momento nos adoptó como sus nietos, nos ofreció de todo y nos rogó que nos quedemos en su casa. Esa noche aceptamos su oferta y nos quedamos comiendo helado y escuchando su historia hasta tarde: la fortuna la hicieron sus suegros con una mina (como la que visitamos en Potosí, probablemente con mineros explotados y mal pagados) y ellos la ampliaron con más trabajo, ahora tiene más de lo que puede manejar y teme que el nuevo gobierno se lo quite… La constitución (que ya lo decía en su vieja versión) dice que los bienes que no tengan una utilidad específica podrán ser expropiados, y una casa con 40 habitaciones vacías seguro cabe en ese artículo. Lucha es una buena mujer, fuerte, trabajadora, que tiene sus hijos y nietos lejos. No solo nos ayudó a nosotros, ayuda a sus empleados y a cualquiera que puede. Ha trabajado de maestra toda la vida y aprendió a hablar quechua para poder comunicarse mejor con sus alumnos. Tuvo tres hijos y adoptó un cuarto, hijo de una mujer indígena quien no podía tenerlo por estar muy enferma. También opina negativamente sobre el gobierno y cree en la propaganda de la oposición, llegando a tener opiniones que entierran décadas de avances en derechos humanos y redistribución de las riquezas. Se la puede admirar y cuestionar, pero a las claras ella es parte de un fenómeno social del cual no tiene plena conciencia en dónde los líderes políticos manejan las polarizaciones y los desentendimientos para poder agrandar su poder. Un matiz entre tantos colores que pintan Bolivia.
Ahora estamos yendo a Gutiérrez, en donde hay una escuela de salud para indígenas llamada Tekove Katu, que dirige el Padre Tarcicio Ciabatti, a quien contactamos para visitar su interesante proyecto.