Estamos en
Padilla, un pueblo a 150 km de Sucre. Desde hace varias horas esperando a que llegue la única persona que vende nafta en la zona. La “estación de servicio” consiste en un cuartito de madera sin surtidor en medio de un camino de tierra y que tiene un número de celular escrito con una piedra sobre la chapa. Llamamos y la espera se hizo larga porque el señor se encontraba a varios kilómetros del lugar, pero finalmente llegó y nos cargó de un bidón con una manguerita. Lo más sorprendente es que ésa es la gasolinera oficial, la única que figura en el mapa en muchos kilómetros…

El pueblo lleva su nombre por Manuel A. Padilla, un criollo que luchó por la independencia del Alto Perú, esposo de la mestiza Juana Azurduy, una guerrillera boliviano-argentina que participó en las luchas por la emancipación americana. Juana fue una líder revolucionaria que peleó junto a su marido, y luego de su muerte y la de sus cuatro hijos a manos de los realistas, combatió embarazada de su quinta hija. Organizó de nuevo el ejército y aunque muchos desertaron porque no querían estar al mando de una mujer, continuó su lucha y ganó importantes batallas, llegando a recibir el título de teniente coronel. Juana Azurduy, la flor del Alto Perú, como dice la
canción, quien combatió junto a Belgrano y Güemes, no llegó a ser reconocida y murió a los 82 años pobre y olvidada. Su reconocimiento vino después… hoy en día los monumentos en su honor son comunes por la zona y sus cenizas se encuentran en la Casa de la Libertad, el museo más importante de Sucre.
Estuvimos en
Sucre más días de lo pensado, en parte porque nos enteramos de que a 5 km se encuentra el yacimiento de huellas de dinosaurios más grande del mundo y pudimos participar de un trabajo de campo que realizaba un geólogo suizo durante esos días para verlas de cerca. Sumado a esto, cuando estábamos por irnos de la ciudad nos robaron la única llave del auto, lo que significó un problema difícil, pero con solución.
Sucre es una ciudad colonial muy bella y con mucha historia, es la verdadera capital de Bolivia (y no La Paz como generalmente se cree, ya que luego de muchas disputas y de una guerra civil se estableció como sede de gobierno, quedando los poderes del estado fragmentados geográficamente). Históricamente es muy importante ya que, un 25 de mayo de 1809, se declara ahí la independencia.

En la Casa de la Libertad uno puede palpar la conflictiva historia política del país. Empezando por Bolívar, el primer presidente designado, que como tenía el sueño de un gran país que comprendiera Colombia, Venezuela, Ecuador y Bolivia, en vez de firmar como presidente de Bolivia lo hace como de la Gran Colombia. A él le sucede Sucre, quien deja el cargo cuando lo intentan asesinar, cosa que consiguen hacer con el primer presidente constitucional en 1825, a tan sólo 4 días de asumir el cargo. Los sucesos posteriores no fueron mucho mejores, incluyendo más asesinatos, derrocamientos, cortos gobiernos democráticos y varias dictaduras militares. Al actual presidente, el primer indígena en alcanzar la presidencia, no le pronosticaron mucho tiempo, pero allí está, a punto de terminar su mandato para alegría de muchos y bronca de otros…
Lo cierto es que Bolivia es muy diversa étnica y geográficamente, existen discordias ancestrales entre quechuas y aimaras, collas y cambas, Oriente y Occidente, ricos y pobres, criollos e indígenas… resulta urgente encontrar unión y dejar las diferencias de lado, antes de que termine fragmentada y repartida entre sus países vecinos. Existen 36 pueblos indígenas que necesitan ser reconocidos en sus derechos y que representan el 70% de la población de Bolivia, el resto son mestizos y una minoría blanca dominante que ve mal la nueva constitución porque les da “demasiados” derechos a los indígenas. Sin embargo, algunas de las personas que ven negativamente al gobierno de Evo Morales, nos ayudaron incondicionalmente y nos abrieron sus casas en

momentos que más lo necesitamos. Cuando nos robaron la llave, afortunadamente habíamos dejado el auto frente a la farmacia de Lucha, una mujer de 82 años que vive sola con su marido en una casa de 42 habitaciones. Desde el primer momento nos adoptó como sus nietos, nos ofreció de todo y nos rogó que nos quedemos en su casa. Esa noche aceptamos su oferta y nos quedamos comiendo helado y escuchando su historia hasta tarde: la fortuna la hicieron sus suegros con una mina (como la que visitamos en Potosí, probablemente con mineros explotados y mal pagados) y ellos la ampliaron con más trabajo, ahora tiene más de lo que puede manejar y teme que el nuevo gobierno se lo quite… La constitución (que ya lo decía en su vieja versión) dice que los bienes que no tengan una utilidad específica podrán ser expropiados, y una casa con 40 habitaciones vacías seguro cabe en ese artículo. Lucha es una buena mujer, fuerte, trabajadora, que tiene sus hijos y nietos lejos. No solo nos ayudó a nosotros, ayuda a sus empleados y a cualquiera que puede. Ha trabajado de maestra toda la vida y aprendió a hablar quechua para poder comunicarse mejor con sus alumnos. Tuvo tres hijos y adoptó un cuarto, hijo de una mujer indígena quien no podía tenerlo por estar muy enferma. También opina negativamente sobre el gobierno y cree en la propaganda de la oposición, llegando a tener opiniones que entierran décadas de avances en derechos humanos y redistribución de las riquezas. Se la puede admirar y cuestionar, pero a las claras ella es parte de un fenómeno social del cual no tiene plena conciencia en dónde los líderes políticos manejan las polarizaciones y los desentendimientos para poder agrandar su poder. Un matiz entre tantos colores que pintan Bolivia.
Ahora estamos yendo a Gutiérrez, en donde hay una escuela de salud para indígenas llamada Tekove Katu, que dirige el Padre Tarcicio Ciabatti, a quien contactamos para visitar su interesante proyecto.
