¡Bienvenidos a nuestro Blog!

Somos Francisco y Leticia, dos personas interesadas en conocer la realidad desde una perspectiva diferente. Nuestra meta es conocer los lugares y las personas que los habitan sin otro filtro que nuestros propios sentidos.
Creemos que existen verdaderas conexiones entre todas las personas que habitamos el planeta y queremos descubrir esos lazos, tratando de franquear las imposiciones formales de las fronteras, los idiomas y las ideas políticas.
Ésta es la historia de un viaje de varios meses por América Latina en el que conocimos diferentes culturas e incontables historias, compartimos tristezas y alegrías. Nuestra intención es mostrar a través de imágenes y palabras que en Latinoamérica existen todavía hoy, seres maravillosos e injusticias intolerables… Nuestra meta finalmente es contribuir a desentrañar los verdaderos lazos que nos unen, entender mejor las diferencias y trabajar para que todos tengamos una vida más libre y feliz.
En Marzo de 2008 viajamos al corazón del Amazonas Brasilero, sin saber que al año siguiente emprenderíamos un viaje de casi 6 meses por gran parte de Latinoamérica, mientras nos preparamos para continuar nuestro viaje a la comprención y el descubrimiento, los invitamos a revivir nuestro recorrido desde sus comienzos y dejar sus comentarios, críticas e impresiones.
Muchas gracias

Bolivia V - El regreso a la Argentina

Entre tristeza y esperanza. ¿Utopía o Eutopía?
Mientras atravesábamos los últimos kilómetros de tierra que van de Sucre a Gutiérrez, una piedra tuvo la puntería de romper la bomba de nafta del auto, razón por la cual quedamos parados un par de horas a la vera del camino, hasta que Francisco con Poxilina logró que el auto volviera a arrancar. Llegamos a Gutiérrez más tarde de lo pensado y con mucho para agradecerle al pegamento que a esa altura había servido para reparar todo tipo de roturas. Nos dirigimos a una escuela de salud llamada Tekove Katu que dirige el padre Tarcicio Ciabatti, un padre tercermundista italiano que hace mas de 15 años puso en funcionamiento este proyecto, que apunta a capacitar a jóvenes indígenas en enfermería y salud ambiental para que puedan responder a las necesidades de sus comunidades. Por esta razón aunque la formación dura 4 años, los estudiantes que son elegidos por su comunidad, estudian 3 meses en la escuela y vuelven 3 meses a practicar lo aprendido a su propia comunidad. La idea del proyecto no es transmitirles una medicina occidental y tapar los conocimientos que traen de su cultura, sino que abrazan el desafío de lograr formar “Ipayes” o Chamanes modernos. Se busca que fortalezcan sus tradiciones y se les acerca la posibilidad de recuperar la lengua y la cultura de los pueblos a los que pertenecen. Actualmente la escuela tiene aproximadamente 150 alumnos que vienen de pueblos originarios de todas las etnias y de todos los puntos geográficos de Bolivia. Hay Guaraníes, Quechuas, Aimaras, Guarayos, Chiquitanos, etc.
Los sábados por la noche los alumnos preparan lo que llaman “La Noche Cultural”, en la cual invitan al padre y a los profesores a disfrutar de cantos, bailes y tradiciones representativas de cada uno de sus pueblos. Quedamos admirados por el alcance del proyecto y para contribuir de alguna manera, se nos ocurrió proyectar la película “Baraka” y organizar un debate sobre ella. La película refleja las maravillas de nuestro mundo y muestra las distintas caras de la humanidad, hay imágenes de pobreza, alineación, modernidad, guerra, ruinas, ritos, cultura y tradición. Los chicos se asombraron y se interrogaron sobre muchos de los mensajes que la película deja entrever: “la pobreza de las ciudades es mas difícil que la nuestra”, “me alegra saber que hay comunidades en el mundo que conservan sus creencias y ritos que nosotros hemos perdido”, “siento impotencia porque no podemos hacer mucho frente al poder del imperialismo”, “yo siento tristeza por las guerras y la destrucción”, “yo siento rabia porque primero contaminan, enferman y después nos venden los remedios...” Primero la mayoría hablaba de tristeza hasta que uno se animó a hablar de rabia y la bronca-impotencia se generalizó, fue cuando fue necesario introducir la esperanza y la concientización-unión como herramienta para trabajar por las utopías/eutopías.
El regreso...
Embebidos de voces, pensamientos, bailes y tradiciones aborígenes, y satisfechos por haber podido compartir además nuestra cultura cordobesa, proseguimos el regreso a Argentina. En Argentina nos recibió un corte de ruta en Tartagal (Salta) de los inundados que no han recibido ni compensaciones ni ayuda, por lo cual llegamos más tarde de lo esperado a Libertador San Martín (Jujuy) en dónde pensábamos visitar una agrupación llamada Capoma. CAPOMA (Centro de Acción Popular Olga Martinez de Aredez) es un grupo comprometido en la defensa de los Derechos Humanos, su principal objetivo es luchar por juicio y castigo para los responsables de los desaparecidos-detenidos en los apagones del terror, sucedidos durante a dictadura militar en complicidad con la empresa de azúcar y papel LEDESMA, que elaboraba las listas negras para los militares y prestaba vehículos y personal para los secuestros!!! CAPOMA tiene sede en la propia casa de Olga a quien le desaparecieron a su marido en los años 70´. Él era médico del sindicato de azucareros de Ledesma que empezó a advertir la explotación y enfermedades que generaba el ingenio. La casa es un oasis para la memoria, testigo fiel de una vida de lucha por la justicia. Lo interesante es que los jóvenes que continuan la lucha, no pelea solo por esa causa sino que hace suyas muchas otras por las que vale la pena luchar: los atropellos que actualmente sufren los pueblos originarios, los abusos de poder y la contaminación ambiental. Muy a pulmón, este grupo de personas que no recibe apoyo financiero de nadie, trabajan ad-honorem, por los problemas de los que no tienen voz.
Para conocer de cerca la realidad que viven nuestros hermanos originarios, acompañamos a Julio y Martina a conversar con los líderes de un asentamiento Wichi, en Salta llamado Lote 75. Allí conocimos a Luis, el cacique y a Hermelinda una representante indígena que desde hace años trata de ayudar a su comunidad. Ellos nos contaron su difícil situación, las inundaciones que sufren cada año los obligan a abandonar todo, perder lo poco que tienen y volver a empezar. Pero cada vez están más desanimados... los escuchamos y grabamos un video para ayudarlos a dejar de padecer en silencio.
Con el compromiso interno de acompañar la lucha indígena y el profundo convencimiento de no volver a comprar productos Ledesma, continuamos nuestros últimos kilómetros hacia Córdoba.

Bolivia IV - Sucre

Rastros de gigantes
Estamos en Padilla, un pueblo a 150 km de Sucre. Desde hace varias horas esperando a que llegue la única persona que vende nafta en la zona. La “estación de servicio” consiste en un cuartito de madera sin surtidor en medio de un camino de tierra y que tiene un número de celular escrito con una piedra sobre la chapa. Llamamos y la espera se hizo larga porque el señor se encontraba a varios kilómetros del lugar, pero finalmente llegó y nos cargó de un bidón con una manguerita. Lo más sorprendente es que ésa es la gasolinera oficial, la única que figura en el mapa en muchos kilómetros…
El pueblo lleva su nombre por Manuel A. Padilla, un criollo que luchó por la independencia del Alto Perú, esposo de la mestiza Juana Azurduy, una guerrillera boliviano-argentina que participó en las luchas por la emancipación americana. Juana fue una líder revolucionaria que peleó junto a su marido, y luego de su muerte y la de sus cuatro hijos a manos de los realistas, combatió embarazada de su quinta hija. Organizó de nuevo el ejército y aunque muchos desertaron porque no querían estar al mando de una mujer, continuó su lucha y ganó importantes batallas, llegando a recibir el título de teniente coronel. Juana Azurduy, la flor del Alto Perú, como dice la canción, quien combatió junto a Belgrano y Güemes, no llegó a ser reconocida y murió a los 82 años pobre y olvidada. Su reconocimiento vino después… hoy en día los monumentos en su honor son comunes por la zona y sus cenizas se encuentran en la Casa de la Libertad, el museo más importante de Sucre.
Estuvimos en Sucre más días de lo pensado, en parte porque nos enteramos de que a 5 km se encuentra el yacimiento de huellas de dinosaurios más grande del mundo y pudimos participar de un trabajo de campo que realizaba un geólogo suizo durante esos días para verlas de cerca. Sumado a esto, cuando estábamos por irnos de la ciudad nos robaron la única llave del auto, lo que significó un problema difícil, pero con solución.
Sucre es una ciudad colonial muy bella y con mucha historia, es la verdadera capital de Bolivia (y no La Paz como generalmente se cree, ya que luego de muchas disputas y de una guerra civil se estableció como sede de gobierno, quedando los poderes del estado fragmentados geográficamente). Históricamente es muy importante ya que, un 25 de mayo de 1809, se declara ahí la independencia. En la Casa de la Libertad uno puede palpar la conflictiva historia política del país. Empezando por Bolívar, el primer presidente designado, que como tenía el sueño de un gran país que comprendiera Colombia, Venezuela, Ecuador y Bolivia, en vez de firmar como presidente de Bolivia lo hace como de la Gran Colombia. A él le sucede Sucre, quien deja el cargo cuando lo intentan asesinar, cosa que consiguen hacer con el primer presidente constitucional en 1825, a tan sólo 4 días de asumir el cargo. Los sucesos posteriores no fueron mucho mejores, incluyendo más asesinatos, derrocamientos, cortos gobiernos democráticos y varias dictaduras militares. Al actual presidente, el primer indígena en alcanzar la presidencia, no le pronosticaron mucho tiempo, pero allí está, a punto de terminar su mandato para alegría de muchos y bronca de otros…
Lo cierto es que Bolivia es muy diversa étnica y geográficamente, existen discordias ancestrales entre quechuas y aimaras, collas y cambas, Oriente y Occidente, ricos y pobres, criollos e indígenas… resulta urgente encontrar unión y dejar las diferencias de lado, antes de que termine fragmentada y repartida entre sus países vecinos. Existen 36 pueblos indígenas que necesitan ser reconocidos en sus derechos y que representan el 70% de la población de Bolivia, el resto son mestizos y una minoría blanca dominante que ve mal la nueva constitución porque les da “demasiados” derechos a los indígenas. Sin embargo, algunas de las personas que ven negativamente al gobierno de Evo Morales, nos ayudaron incondicionalmente y nos abrieron sus casas en momentos que más lo necesitamos. Cuando nos robaron la llave, afortunadamente habíamos dejado el auto frente a la farmacia de Lucha, una mujer de 82 años que vive sola con su marido en una casa de 42 habitaciones. Desde el primer momento nos adoptó como sus nietos, nos ofreció de todo y nos rogó que nos quedemos en su casa. Esa noche aceptamos su oferta y nos quedamos comiendo helado y escuchando su historia hasta tarde: la fortuna la hicieron sus suegros con una mina (como la que visitamos en Potosí, probablemente con mineros explotados y mal pagados) y ellos la ampliaron con más trabajo, ahora tiene más de lo que puede manejar y teme que el nuevo gobierno se lo quite… La constitución (que ya lo decía en su vieja versión) dice que los bienes que no tengan una utilidad específica podrán ser expropiados, y una casa con 40 habitaciones vacías seguro cabe en ese artículo. Lucha es una buena mujer, fuerte, trabajadora, que tiene sus hijos y nietos lejos. No solo nos ayudó a nosotros, ayuda a sus empleados y a cualquiera que puede. Ha trabajado de maestra toda la vida y aprendió a hablar quechua para poder comunicarse mejor con sus alumnos. Tuvo tres hijos y adoptó un cuarto, hijo de una mujer indígena quien no podía tenerlo por estar muy enferma. También opina negativamente sobre el gobierno y cree en la propaganda de la oposición, llegando a tener opiniones que entierran décadas de avances en derechos humanos y redistribución de las riquezas. Se la puede admirar y cuestionar, pero a las claras ella es parte de un fenómeno social del cual no tiene plena conciencia en dónde los líderes políticos manejan las polarizaciones y los desentendimientos para poder agrandar su poder. Un matiz entre tantos colores que pintan Bolivia.
Ahora estamos yendo a Gutiérrez, en donde hay una escuela de salud para indígenas llamada Tekove Katu, que dirige el Padre Tarcicio Ciabatti, a quien contactamos para visitar su interesante proyecto.

Bolivia III - Potosí

Del esplendor a la decadencia
Después del tradicional carnaval de Oruro llegamos a Potosí. Esta ciudad es la capital minera de Bolivia y se encuentra a los pies del Cerro Rico, que alguna vez fue la fuente más abundante de Plata del mundo. Debido a la enorme cantidad de plata y otros minerales que se extraían de las minas Potosí llegó a ser, en el siglo XVII, la ciudad más grande y rica del mundo. Hoy tan solo quedan vetas de plata mezclada, pero aun así la economía de la región sigue siendo sustentada por el trabajo en las minas.
Nos contaron una leyenda que queremos compartir con ustedes acerca de los orígenes de la riqueza de Potosí. La historia cuenta que todo comenzó en 1545, cuando un indígena tuvo que acampar en la ladera del Cerro Rico mientras buscaba unas llamas extraviadas. Para pasar la noche hizo una fogata y al día siguiente encontró hilos de plata saliendo entre las cenizas. El pastor compartió el secreto con su pueblo y comenzaron los trabajos de extracción, los cuales se detuvieron súbitamente cuando el cerro, en una estruendosa sacudida, les hizo saber a los Incas que sus tesoros estaban reservados para otros hombres que vendrían en el futuro (de ahí el nombre de la ciudad Pot' Oksi= cerro de trueno).
Al poco tiempo un inca desleal informó a los españoles sobre el cerro, éstos no tardaron en adueñarse del mismo y comenzaron su terrible explotación, utilizando a los indígenas para el trabajo forzado. El régimen de trabajo era la "Mita", que consistía en trabajar 36 hs seguidas sin descansar... Más tarde para acelerar el trabajo, trajeron esclavos de África, los que nunca pudieron acostumbrarse al clima y a las malas condiciones de trabajo. Vimos un cuadro de la virgen del cerro que sintetiza muy bien esta leyenda.
Nos impresionó mucho saber que los colonizadores españoles, gracias a una política de explotación atroz, lograron llevarse más de 80 millones de toneladas de plata, matando en el proceso a más de 15000 indígenas y a varios miles de negros.

Para verlo por nosotros mismos decidimos hacer una excursión a una de las minas, donde pudimos palpar la realidad del duro trabajo que realizan los mineros hoy en día. Para entrar tuvimos que bajar por unos túneles empinados y estrechos hasta unos 50 m bajo la superficie. Ahí abajo, si uno apaga la débil luz de las linternas, se puede sentir la oscuridad más intensa. Durante el recorrido hay lugares tan estrechos que obligan a pasarlos agachados y el piso suele estar cubierto de barro. Además uno puede perderse fácilmente porque los túneles se bifurcan a cada paso, por lo que conviene ir con un guía experimentado. Caso contrario entre el sonido de alguna dinamita que explota a lo lejos, algún “leve” derrumbe o al toparse con el “Tío”, uno puede salir asustado…

El Tío es el Dios de los mineros, figura sincrética formada por el Dios Inca del mundo subterráneo y Diablo cristiano introducido por los españoles para fortalecer su dominio en las minas. Cada viernes al terminar la jornada de trabajo, los mineros le rinden tributo al Tío, le piden protección y abundancia de mineral, tirándole alcohol puro (que ellos mismos beben), hojas de coca y encendiéndole cigarrillos en la boca... Una creencia muy arraigada entre los mineros, es que las vetas de mineral surgen de la unión entre el Tío y la Pacha Mama, es por esto que los mineros no permiten que las mujeres trabajen en las minas para evitar que la Pacha Mama se ponga celosa y esconda las vetas.
En la actualidad el trabajo sigue siendo insalubre, aunque trabajen sólo 8 hs por día y tengan un buen sueldo, la sobrevida de un minero no suele sobrepasar los 45 años, debido a que el asbesto y el sílice que recubren las paredes de las minas producen enfermedades mortales. De ahí el dicho: “Cásate con un minero, tendrás dinero y enviudarás joven.”

Después de las minas seguimos nuestro recorrido por la ciudad y por la historia de la plata. Parece ser que durante el auge de la plata en Potosí, la historia de América toma un nuevo rumbo: nace el capitalismo de plata que se va a prolongar por casi 300 años. Se crea La casa de la Moneda, en la cual se comienzan a acuñar las monedas de plata a golpe de martillo (las "macuquinas") y fueron enviadas al resto de América y Europa. De hecho, las primeras monedas Argentinas fueron hechas allí. Debido la decadencia de la plata y la modernización de la maquinaria para producir las monedas, esta casa dejó de funcionar y es sede hoy del museo que nosotros visitamos.
Una anécdota interesante cuenta que cuando Belgrano es vencido en Ayohuma (Bolivia), en su camino de regreso a la Argentina pasa por Potosí, ordena vaciar y dinamitar La Casa de la Moneda para así destruir el símbolo de la dominación Española y dejar sin recursos a las tropas realistas que venían por detrás. Los potosinos no entendieron bien las intenciones de Belgrano, por lo que guardan desde entonces, cierto resentimiento hacia los porteños... irónicamente uno de los soldados de Belgrano, se enamora de una potosina y en un acto de traición corta la mecha de la dinamita, razón por la cual la casa de la moneda sigue en pie hasta hoy.

Sorprendidos por la codicia y el desprecio a la vida por parte de los conquistadores españoles, y por las condiciones que hasta hoy sufren los trabajadores de las minas, nos vamos con mucho para reflexionar hacia Sucre, la verdadera capital de Bolivia.

Bolivia II - Oruro

Sacando a bailar a los demonios

Después de varios días de viaje por los caminos de tierra bolivianos, en los que nos embarramos hasta el alma sacando el auto de los surcos que dejaban los camiones (que por suerte varias veces ayudaron a rescatarnos) llegamos sanos y salvos a Oruro. En el camino pudimos ver pecaríes, coatíes, zorros, toda clase de pájaros y hasta dormir a unos metros de una familia de Yacarés…
La ciudad altiplánica de Oruro es la capital cultural y folklórica de Bolivia, y es el asiento de los festejos más tradicionales e impresionantes del Carnaval. Durante una semana las calles se visten de fiesta, desde la mañana hasta la madrugada desfilan comparsas por las calles al incesante ritmo de tambores y trompetas. En este carnaval no desfilan mujeres exuberantes y semidesnudas (aunque alguna pollerita corta se ve por ahí), pero es un despliegue de trajes, máscaras, música y danzas que representan la diversidad étnica y cultural así como la historia y tradición del pueblo Boliviano. Entre las más representativas se encuentran: “La Diablada”, que es una danza infernal de origen minero, que representa la lucha del bien contra el mal. Mediante el uso de máscaras se exaltan la lujuria y la picardía de los demonios que bailan junto a los ángeles blancos, en una danza que integra pasiones, pecados y virtudes. También desfila “La Morenada”, una danza que cuenta la historia de la época colonial, en la cual los esclavos negros eran traídos de África para reemplazar a los indígenas en los trabajos de las minas. Relacionada con ésta, encontramos a “Los Caporales” que representan a los crueles capataces negros que controlaban el trabajo de los esclavos de su propia raza. Además vimos “Los Tinkus” una danza indígena guerrera, en la que se realizan enfrentamientos para medir fuerzas y pedir fertilidad a la Pacha Mama y la danza de los “Los Incas” que describe el trauma sufrido durante la conquista española…. entre muchos otros.
En casi todas las representaciones se describe y relata la historia de sus pesares y sufrimientos de forma satírica o alegre, como si de esa manera, al menos durante unos días al año, transformaran el dolor en baile y al mismo tiempo ayudaran a mantener vivo el recuerdo de su convulsionada historia.
Durante la semana de Carnaval la idea es permitir que el mal y los pecados se manifiesten en toda su magnitud, para poder ser enterrados el último día y prepararse para la cuaresma. La alegría rebalsa las calles y las diferencias entre negros y blancos, ricos y pobres, buenos y malos parecen borrarse entre ron, bombitas de agua y espuma que tampoco hacen diferencia (aunque las mujeres y turistas en general son el blanco preferido).
Bolivia es interesante porque dentro de un mismo país conviven grupos étnicos muy diferentes, por lo que gobernar algo tan diverso no parece ser tarea fácil. La pobreza es lo cotidiano y es palpable el sentimiento de desconfianza y resentimiento hacia los extranjeros, aunque también entre las mismas comunidades locales.
Antes de continuar el viaje quisimos participar de “la Challa”, costumbre que consiste en una especie de bendición y pedido de prosperidad. Nosotros lo hicimos “challando” el auto, que viene a ser nuestra movilidad, alojamiento, restaurant y tantas cosas más… Para ello adornamos el Fun con serpentinas, globos, guirnaldas, papel picado y flores, le agradecimos por aguantar el castigo recibido, y le pedimos por muchos kilómetros más, mientras le tiramos gaseosa y unos petardos frente a la tradicional iglesia de la Virgen del Socavón (Virgen de los mineros).
Continuamos el viaje bajando hacia Potosí, para conocer las minas del cerro Rico (alguna vez, la fuente de plata más grande del mundo).

Brasil

Una experiencia religiosa
Uno de los destinos que tuvimos siempre en mente visitar fue Río Branco. Conocimos la existencia de esta ciudad gracias a unos artesanos que conocimos en Manaos, en Marzo del año pasado, ellos nos la describieron como un lugar fuera de lo común, en donde las creencias religiosas se encuentran con los conocimientos de la Amazonia. Desde entonces nos atrajo la idea de llegar hasta esta remota ciudad y conocer de cerca los misterios de los que nos hablaron aquella vez. Río Branco está ubicada al Noroeste de Brasil y es una ciudad en pleno crecimiento a orillas del Río Acre, con una interesantísima vida religiosa y cultural. Existen allí una enorme cantidad de iglesias de todo tipo de credo, una al lado de la otra. Convive la tradición indígena, la religión cristiana, el espíritu brasilero y la influencia africana, conformando fusiones y mixturas que resultan muy atractivas.
Por otra parte se respira un espíritu de conservación y cuidado de la amazonia, en parte debido al hecho de que cerca de allí, en un pueblito llamado Xapuri, asesinaron a Chico Mendes, un siringueiro (así se llama a los que extraen el caucho de los arboles) que luchó a favor del derecho de los habitantes locales a disfrutar del uso productivo de la selva. Y por lo tanto en contra de los hacendados que intentaban arrasar con la Amazonía para criar su productivo ganado. Chico Mendes, a pesar de ser hijo de un siringeiro analfabeto y pobre, logró formarse como hombre conocedor y comprometido, gracias a la ayuda de Wilson Pinheiro, quien era un verdadero líder de los olvidados siringeiros. Luego de que Wilson fuera asesinado a sangre fría, Chico organizó a los siringueros para revelarse contra las grandes empresas que estaban desmontando la selva, logrando después de muchos años de lucha y a costa de su propia vida, salvaguardar estos lugares. Estuvimos en la casa donde vivió sus últimos años, y dónde fue asesinado una noche por gente a la que no le convenía que un hombre así existiera… a pesar del trágico final, su muerte sirvió para hacernos ver una vez más, la insaciable codicia y desprecio por la vida de algunos hombres y la inquebrantable voluntad y deseo de justicia de otros. (Ver la película Temporada de Incendios).
En Río Branco conocimos a Esteban y a Janahina. Él es chileno de nacimiento pero Brasilero por opción. Ella es su enamorada y ambos trabajan con Bané, el hijo de un cacique Kaxinawá. Los conocimos un día en su local de artesanías y al siguiente ya estábamos durmiendo en su casa. Con ellos como guía, pudimos conocer más de las costumbres y creencias de la zona. En cuanto a los Kaxinawa, son el pueblo originario más numeroso del estado de Acre y su nombre se lo deben a los colonizadores, ellos en cambio se denominan Huni Kui, que en su idioma significa “gente verdadera”. Hasta el día de hoy este pueblo mantiene su idioma, sus tradiciones, canciones y rituales. Y como todavía viven en la selva están muy conectados con todos sus misterios y secretos.
Desde hace muchos años los aborígenes han usado en sus rituales espirituales un té de lianas que llaman Ayahuasca que según ellos, tiene importantes propiedades curativas en el cuerpo y el alma. Esta misteriosa bebida fue traída a la ciudad por Don Irineu de la Serra, un siringeiro negro que luego de tomar Ayahuasca con los aborígenes, tuvo visiones de la virgen, quien le indicaba fundar una doctrina. Él así lo hizo y fundó el Santo Daime, que en pocos años ganó adeptos y se diseminó por todo Brasil y hasta en otros países. En Río Branco hay una gran cantidad de iglesias del Santo Daime en donde se realizan ceremonias en las que todos los asistentes beben Daime (Ayahuasca), cantan invocando los poderes de la selva, de la virgen, y de los shamanes, resultando así una mezcla interesantísima. Las ceremonias en las iglesias son más estrictas: hombres por un lado, mujeres por otro; vestidos de largo y blanco, pero en las sesiones que se organizan fuera de la iglesia, el sincretismo cultural se ve en toda su magnitud: en lugares dentro de la selva se invita a un shaman indígena a coordinar el encuentro y cantar en su idioma, se cantan las canciones de la iglesia y otras populares, al ritmo de los tambores africanos, mientras se imitan formas y sonidos de animales de la selva. Aunque no faltan monos, tucanes, y otros pájaros que se asoman a curiosear.
Los efectos del té sagrado no son para menospreciar. Ellos creen que tiene el poder de mostrar lo que muchos no se atreven a ver, es una planta de poder que tiene la virtud de enseñar. Muchas personas después de tomarla tienen miraçoes (visiones), se abren a otras dimensiones espirituales y pueden limpiarse y curarse de sus males.
Nosotros quedamos maravillados con el sincretismo y los rituales, conocimos gente que nos abrió su casa, su corazón y sus creencias… Volvemos llenos de selva, rituales, amigos, risas, sorpresas y con mucho más respeto por lo desconocido.
Luego de más de una semana de experiencias nuevas y participando de rituales sagrados, emprendemos el regreso... es decir seguimos viaje pero ahora con el rumbo vuelto hacia el sur. Queremos llegar a tiempo para participar del carnaval en Oruro en Bolivia. Vamos a necesitar mucha suerte y muchas horas de manejo, pero confiamos en el Fun y en nuestra ganas de llegar.

Bolivia I - La Paz

Leyendas Incas y realidad indígena actual

Finalmente llegamos a la frontera con Bolivia el tan esperado 25 de Enero, día en que los bolivianos votarían por el sí o por el no a la Nueva Constitución. Ambos teníamos mucha ilusión de estar en La Paz para ser testigos de un acontecimiento en la historia del país y de Latinoamérica. El esfuerzo por llegar a tiempo fue en vano, porque la aduana y las rutas estaban cerradas por el Referéndum, así que pasamos ese día en la frontera escuchando las novedades por la radio, visitamos una escuela donde se votaba y hasta nos hicieron una nota en vivo para el canal del estado, preguntándonos que pensábamos del referéndum y de Evo Morales!
La Nueva Constitución entre otras cosas, plantea el derecho de todos los ciudadanos a tener acceso a los servicios básicos (agua, gas, luz), esto implica un gran apoyo a los pueblos indígenas que viven en condiciones de vida deplorables, lo que en gran medida se debe a una creciente desigualdad en la distribución de los recursos del país. Bolivia tiene tanto gas que lo exporta y vende a otros países como la Argentina, sin embargo el 70% de sus habitantes (en su mayoría indígena) no tienen gas en sus viviendas. En este país hay más de 34 pueblos originarios diferentes, sumidos en una pobreza que estremece y que carcome lentamente sus costumbres y sus lenguas. Muchos padres sólo enseñan el castellano a sus hijos y ya no su propio idioma, para evitar la discriminación que ellos mismos sufrieron en la escuela. Es así como se va produciendo la desvalorización de su cultura y sus orígenes. Teniendo en cuenta este fenómeno, en la Nueva Constitución también se contempla el derecho de cada persona a tener su creencia religiosa y su cultura, en un intento de reforzar y respetar la diversidad. Se trata de una constitución que incluye y es apoyada por los aborígenes, pero muy resistida por la minoría no-aborigen con mayor poder económico.
Continuamos al día siguiente rumbo a La Paz. En el camino visitamos las ruinas de Tiwanaku, una civilización pre-incaica muy adelantada y de gran complejidad. Y aunque al parecer este prominente pueblo desapareció debido a las devastadoras sequías, los Incas retomaron gran parte de sus rituales y absorvieron sus estructuras religiosas. Tiwanaku está muy poco excavado, pero todavía se puede intuir el gran esplendor que tuvo alguna vez. Allí se encuentra la famosa “puerta del sol”, que constituye un símbolo de la receptividad de este pueblo a la increíble fuerza y belleza que transmite cada día nuestro sol.
Al llegar a La Paz la vista de la ciudad, desde El Alto es hermosa: un gran valle de casitas y luces se impone a los ojos, pero entrar a la ciudad en el auto es un caos... los vehículos no respetan ni los semáforos y en las callecitas del centro apenas hay lugar para circular, en medio de innumerables “cholitas” que venden de todo en la calle.
Un poco aturdidos partimos a conocer Copacabana, donde se encuentra la Virgen del mismo nombre, una virgencita mestiza a la que peregrinos de toda Bolivia y Latinoamérica llegan a adorar todos los años. Desde allí cruzamos en lancha a la Isla del Sol, en el lago Titicaca. Según una leyenda Inca, esta isla fue el lugar en dónde la primera pareja Inca fue creada: Manco Capac y Mama Ocllo. Nos perdimos entre los laberintos de ruinas de piedra y nos conectamos con el paisaje, imaginando lo que los incas habrán sentido al ver caer el sol sobre el lago, creando una atmósfera tan especial que cautiva. Al regresar de las ruinas nos agarró la noche y al cruzar la playa del lago nos unimos a un fogón donde había gente de muchos países tocando la guitarra y cantando, casi sin conocernos, congregados y unidos alrededor del fuego y la música, parecíamos todos hermanos latinoamericanos...

Camino al norte

Luego de festejar el primer mes de recorrido partimos para el norte de Bolivia. Recorrimos los pocos kilómetros de pavimento que íbamos a ver en muchos días y nos internamos de lleno en los caminos más difíciles de todo el viaje. Pasamos por las Yungas, una especie de paraíso subtropical en las montañas, a poco más de 80 kilómetros de la Paz hasta la ciudad de Caranavi, llamada la “Puerta de la Amazonía”. Luego fuimos parando en dónde nos agarraba la noche, casi siempre en el auto o en algún hotel de cero estrellas.... Los caminos en esta zona son difíciles de imaginar: todos de tierra (o barro) y muchos de cornisa, al frente uno solo puede divisar una nube de polvo y al costado un precipicio selvático. El paisaje es bellísimo, es cómo manejar por una cordillera de selva tupida y verde, atravesada por pequeñas cascadas de agua fría y cristalina. El clima es muy húmedo y caluroso, y cada tanto cae una llovizna que levanta el vapor del suelo y reduce el polvo circulante. Es increíble cómo cambia el clima y el paisaje en unos pocos kilómetros, pasando del frío seco del altiplano al calor húmedo de la selva.
El auto hasta ahora es un muy buen compañero de viaje, parece compartir nuestras ganas de recorrer estos caminos, resiste y aunque pequeñito ya le diagnosticamos un complejo de 4x4. La gente del lugar nos hace caras cuando les decimos que vamos a cruzar hasta Brasil, nos hemos cansado de ver restos de ruedas y autos parados al borde del camino… nosotros agradecidos de nuestra suerte, le hacemos mantenimientos al auto y vamos ajustando todo lo que se va soltando. Además por las noches disfrutamos de sus bondades como “motor-home”.
En nuestra travesía pudimos ser testigos de una interminable belleza natural, una increíble abundancia de recursos naturales y una pobreza y marginación indignantes. A pesar de ello las personas que conocimos por aquí fueron con nosotros más cálidas y amables que las del altiplano.
La Paz y los estados orientales (la medialuna) acaparan la infraestructura y la riqueza del país. La región amazónica parece haber sido abandonada a su suerte. Esta situación está contemplada en la nueva constitución y gracias a un amigo boliviano, pudimos conocer a uno de los intelectuales que aportó sus ideas para nutrir la Nueva Constitución de un espíritu más justo y con la inclusión de la región amazónica en el nuevo proyecto nacional.
Finalmente llegamos a Cobija, la ciudad más al norte de Bolivia y capital del estado de Pando. A unos kilómetros de aquí fue donde se produjo “la matanza de Pando” (Porvenir) el año pasado, un enfrentamiento entre grupos oficialistas y de la oposición, con un saldo lamentable de vidas humanas y terminando con la sustitución y encarcelamiento del Prefecto. En Cobija nos encontramos con Oscar, un amigo que conocimos en Córdoba, en un encuentro de Teatro Espontaneo. Hace tres semanas asumió aquí como ministro en la nueva administración, aunque él no tiene afiliación en ningún partido político, se embarcó hacia estas tierras para aportar todo su esfuerzo en la reconstrucción de su país. Él es una persona con gran iniciativa, muy comprometido con sus ideales y con la enorme responsabilidad de formar parte de un cambio necesario, que resulta incómodo para muchas de las personas acostumbradas al uso del poder y la intimidación como forma de gobierno. Quedamos otra vez muy agradecidos con él, por su compañía, sus buenos augurios y por su mirada crítica y equilibrada que nos ayudó a entender mejor la complicada realidad socio-política de Bolivia.
Después de embebernos de la política y la actualidad de este complejo país, y habiendo disfrutado de las "comodidades" de un hotel, estamos listos para continuar nuestro recorrido por este fantástico continente.

Perú

Recorriendo los misterios de los pueblos antiguos
Después de nuestro paso por el Chile, entramos a Perú. Y el cambio fue notable… más bien impactante. No es difícil imaginar nuestra sorpresa al entrar a Tacna, la primera ciudad importante de ese lado de la frontera, cuando nos encontramos sumergidos en un caos vehicular, a pesar de haber tres o más oficiales de tránsito en cada cuadra, cruzar unos trescientos metros del centro fue toda una odisea. Todos van exactamente por donde quieren, sin importarles quien viene atrás o a los costados y casi sin dejar de tocar bocina, no porque vayan a evitar algún accidente si no por costumbre. Y aunque extrañábamos la armonía de las calles chilenas, no sabíamos todavía que al entrar a Bolivia, íbamos a extrañar el “orden” Peruano… Apenas salimos de nuestro asombro (y de la ciudad) seguimos nuestro camino a Nasca, una ciudad pequeña y poco llamativa que fue construida en las ruinas de lo que una vez fue el corazón de una extraordinaria y próspera civilización. Los Nasca fueron un pueblo adelantado que se originó en el 200 a.c. y se expandió hacia el 1100 d.c. Desarrollaron un avanzado sistema de agricultura, manejaban hábilmente el agua y sus conocimientos sobre el cielo, la naturaleza y sus ciclos eran sorprendentes. Pero lo más misterioso de esta civilización era su profunda conexión con sus creencias y la importancia que le daban a sus ritos religiosos. La antigua ciudad no era un lugar pensado para la vida cotidiana (de hecho no se ha encontrado ni un utensilio de uso común) era un lugar sagrado que fue destinado casi por completo a rituales y ceremonias, de los cuales formaban parte las famosas Líneas de Nasca.
En la planicie el sudoeste de la ciudad moderna se encontraron enormes figuras grabadas con surcos continuos en la tierra gris. Estas imágenes que representan animales y figuras geométricas son impresionantes por su belleza y simplicidad, pero sobre todo porque la única manera de apreciarlas es desde el aire. Escuchamos teorías acerca de cómo han logrado hacer esas figuras tan grandes y perfectas, y sobre su significado. Parecen haber sido figuras que representaban a sus deidades: el mono, el cóndor, el colibrí….y las hacían en el suelo para que sus dioses las pudieran ver mientras llevaban a cabo las ceremonias en su honor, en los alrededores o quizás en los mismos surcos de las enormes figuras. Ver las imágenes desde lo alto del cielo es emocionante, exceptuando el mareo que provocan los aviadores que giran el avión a 80° con las alas apuntando el piso, así que a Leticia, después del tercer dibujo, se le evaporó todo el misterio y sólo se quería bajar. Lo vale pero con varios pastillas para el mareo antes de subir. Todavía hoy es un misterio cómo hicieron estas figuras, su verdadero significado y el porqué desapareció esta magnífica y compleja civilización.
De Nasca partimos a Cuzco con cierto apuro porque el 25 de Enero queríamos estar en La Paz, para ser testigos de la votación del Referéndum, para la Nueva Constitución Boliviana. Durante todo el camino se puede notar la enorme pobreza en la que vive la gente. En el norte de Argentina y Chile fuimos testigos de la falta de recursos e infraestructura de la región, pero en Perú resulta aún más impresionante. La gente vive en unas “casitas” pequeñas hechas de esterilla que protegen poco del frío, la arena y el sol. Conseguir agua resulta difícil y no hay electricidad ni siquiera en los mercados. Esta realidad nos hizo pensar una vez que en Latinoamérica, la distribución de la riqueza y los recursos en no es abismal sino intolerable.
En Cuzco estuvimos poco tiempo, ya que corrimos para llegar a Ollantaytambo y alcanzar el tren a Aguas Calientes. Ollantaytambo es un pueblito pintoresco, con una aire medieval, pero en lugar de castillos europeos se ven estructuras Incas todo alrededor, Aguas Calientes es un parador para turistas que van al Macchu Pichu. Después de pasar la noche ahí, nos despertamos a las 4:30 hs. para ver el amanecer caminando por las ruinas. Mientras subíamos todo estaba rodeado de un manto de nubes que lejos de pertenecer al cielo parecían pertenecer a las mismas montañas, creando una especie de aura alrededor. Lo que producía una sensación de misterio y ensoñación. Avanzada la mañana y todavía sin ver el sol a través de las densas nubes, comenzamos a subir al Wayna Picchu, el cerro que se ve en las fotos al fondo de la ciudadela, y desde el cual se tiene la mejor de las vistas, y aunque es muy empinado y cansador, sumado a la falta de oxigeno hacen dudar en seguir. Es una hora de ascenso, por escalones altos de piedra y tomados de una soga que hace de agarradera, pero sin lugar a dudas, vale la pena todo el esfuerzo: Cuando uno llega a la cima se respira un aire especial, las ruinas parecen un espejismo entre las nubes y se puede sentir una sensación de bienestar poderosa, que nos hizo entender mejor porqué los Incas eligieron este lugar tan alejado e inaccesible como bellísimo y conmovedor.
Cansados, pero contentos bajamos sanos y salvos, aunque tarde para tomar el tren de regreso, así que tuvimos que caminar 3 horas por las vías del tren bajo la lluvia hasta la estación más cercana. Por suerte no éramos los únicos, así que de ahí convencimos a un camionero para que nos llevara a todos con la carga, las 5 horas que restaban de viaje. A medianoche paró a cenar en un puesto de la ruta, que solo tenía un fueguito donde nos secamos las medias y las zapatillas y donde disfrutamos los platos de sopa más ricos en mucho tiempo.
Luego de nuestro interesante regreso de Macchu Pichu, seguimos a contrarreloj hacia Bolivia.

Chile

El encuentro del desierto, las montañas y el mar
Luego de conocer las Salinas Grandes, seguimos nuestro ascenso, con menos contratiempos de los que temíamos y atravesando alguna que otra nube hasta la frontera con Chile. Del otro lado nos esperaban enormes médanos de arena virgen, montañas de cristales de sal, lagunas de un celeste intenso, rodeadas de barros minerales y pozos burbujeantes con agua termal que los tiñen de naranja y amarillo. Apenas salimos de la meseta altiplánica, empezamos a atravesar una zona de volcanes y luego una interminable pendiente que baja hasta el desierto más seco del mundo: el desierto de Atacama. El paisaje es tan hermoso como desolador, se puede sentir la sequedad del aire y la falta casi total de vegetación. Al llegar a San Pedro, aunque no es precisamente un oasis, uno se siente resguardado de tanta aridez. Allá conocimos la ciudad, que es muy pintoresca y aunque está preparada para el turismo, no deja de ser acogedora. En los alrededores visitamos el Valle de la Luna, donde hay cuevas de sal cristalizada y se pueden ver las formaciones más extrañas… La puesta del sol arriba de uno de los médanos es impactante: el juego de luces y colores que los últimos rayos hacen con las nubes, los tonos que adquieren las montanas de arena cuando los reflejos empiezan a bajar y la corona dorada, hacen entender porqué los aborígenes le rendían culto al sol como un ser supremo.
Mientras paseábamos por la ciudad dimos por casualidad con la sede de la Asociación de Cultores de Medicina Indígena, a la cual por supuesto entramos y allí nos presentamos. Estaban en medio de una de reunión informal de información y nos invitaron a participar, ellos nos contaron cómo se formaron, de su intento por realizar un trabajo conjunto entre el estado y los sanadores tradicionales y hasta nos dieron tres bolsitas de té para aliviar al médico (Francisco) que se había agarrado una gastroenteritis al llegar a San Pedro. En la reunión había un chaman, varios sanadores aborígenes, una antropóloga que les está ayudando y hasta una madre en preparación para el parto natural. Están haciendo un trabajo muy interesante de intercambio entre la medicina ancestral y la moderna.
Antes de terminar la reunión, Paola la antropóloga, nos invitó a su casa esa noche para seguir compartiendo idas y experiencias. Ella es una persona muy cálida y fresca, muy consciente de los desafíos y riesgos que conllevan el plan que dirige en Atacama. La primera dificultad es reunir chamanes de distintas comunidades, con cosmologías y perspectivas de salud diferentes: unos más cerca de lo cristiano, que trabajan escuchando los mensajes que Dios les da para curar, otros haciendo uso de prácticas relacionadas al culto de la Pacha Mama y otros administrando diferentes hierbas medicinales. El lograr que se respeten, convivan y formen parte de un sistema de atención a la comunidad, es ciertamente difícil. Hacer coincidir las necesidades estructurales del conocimiento ancestral (las aberturas deben orientarse hacia el norte), con las estructuras construidas por el gobierno tampoco parece tarea fácil. Y lo más riesgoso, es que como es un programa del estado, hay que tener mucho cuidado con la manipulación que se intenta hacer con las comunidades aborígenes que tienen un peso relativamente fuerte y en definitiva representan votos.
Hugo, el esposo de de Paola, trabaja en el "Museo Arqueológico Gustavo Le Paige" así que al día siguiente tuvimos un guía especial para el recorrido. Ahí pudimos ver el alcance y la magnitud de las culturas preincaicas y precolombinas. Los aborígenes (Tiwanaku) fabricaban no sólo instrumentos necesarios para la caza y la vida cotidiana si no que dedicaban mucho tiempo y esfuerzo en tallar instrumentos de madera para fumar sus yerbitas en los rituales sagrados: pipas, morteros y recipientes tallados. Fumaban un alucinógeno llamado cebil para escapar de las ataduras de la realidad terrenal e introducirse a una espiritual donde tomaban contacto con los dioses y podían ofrendarles vegetales, animales y hasta vidas humanas.
Después de San Pedro de Atacama partimos al norte y pasamos por las lagunas altiplánicas, famosas porque al meterse uno flota por la cantidad de sal que contienen, es una sensación increíble, como vencer la gravedad, por más fuerza que uno haga no logra hundir el cuerpo, entonces uno puede hacer la planchita relajado y sentir los sonidos que vienen del fondo de la tierra… mientras nos bañábamos un guía turístico que estaba con un grupo nos dijo que a unos metros había barro con propiedades, minerales y algas que si nos lo poníamos en el cuerpo quedaba uno como de 10 años menos. Leticia me convenció y nos fuimos a embarrarnos, primero yo no quería, pero nos pusimos a jugar con el barro y al rato estábamos los dos con barro hasta en la cara, tirados al sol para que se seque. Cuando volvíamos a la laguna tiesos y marrones, se nos acerca otro guía para sugerirnos que nos sacáramos el barro porque contenía mucho azufre y arsénico! Después de una buena ducha no parecíamos 10 años más jóvenes, sino 10 años más viejos: arrugados, secos, y Leticia con miedo a estar envenenada! Por suerte resultó ser solo barro, ni bueno ni malo.
Después de las lagunas viajamos hacia el norte costeando el mar hasta Iquique, un lugar donde el desierto y el mar se juntan, es hermoso. Ahí descansamos unos días en un hotelito, disfrutamos de los atardeceres en la playa, las gaviotas y nos dimos el gusto de tirarnos en parapente!!! Dicen que es uno de los mejores lugares de América para hacerlo, fue una experiencia increíble, nos tiramos de una duna inmensa y sobrevolamos la cuidad y el mar, siguiendo a los pájaros. Iquique nos sorprendió también por su historia de tierra en disputa, ya que alguna vez fue territorio Boliviano y luego de la guerra del pacífico, se la adueñaron los chilenos. Además por su impresionante historia de puerto minero, allí trajeron indígenas, negros y hasta chinos para trabajar en las minas y hasta hoy se pueden ver más restaurantes chinos que chilenos.
Luego de bañarnos un par de veces en el “cálido” Océano Pacífico, partimos para Arica, en dónde pudimos ver las prácticas de baile para el carnaval y disfrutar de una mariscada de antología. Después de 10 días en el norte de Chile, continuamente sorprendidos por la corrección de los chilenos, en su forma de manejar y respeto por las leyes, aunque también preocupados por la fuerte vigencia del pensamiento autoritario y pro-militar, vamos camino a nuestro próximo destino: Perú.

Argentina

Partimos hacia el Noroeste... mucho entusiasmo y pocas certezas
Finalmente salimos después de haber pospuesto la fecha varias veces. Y lo hicimos sabiendo que teníamos cosas pendientes, pero si esperábamos más, no salíamos.
Salimos sin rumbo fijo, sólo con una vaga idea de recorrer el Noroeste y pasar a Chile, pero no sabíamos cuando ni por dónde, ni si luego vendría Bolivia o Perú… Eso en un viaje da una enorme libertad y es muy emocionante, pero al principio nos costó adaptarnos a la incertidumbre. Es como si en la vida cotidiana uno se atara a las rutinas diarias y eso nos diera la cuota de “seguridad” a la cual nos vamos acomodando. Pero cuando uno deja la rutina por un tiempo indeterminado (no sabíamos cuánto iba a durar el viaje, ni hasta dónde íbamos a llegar), sin ruta específica, sin saber a dónde se va a dormir o qué actividades se van a hacer, uno pierde esa sensación de seguridad y se desorienta. Por suerte, luego de una semana en el camino y, paradójicamente, mientras más nos alejábamos de casa, la sensación de desorientación se fue convirtiendo en una hermosa sensación de incertidumbre, esa que es la madre de la curiosidad, del deseo de conocer y experimentar, y de elegir nuestro propio camino. Fue muy liberador el enfocarse sólo en una dirección… hacia adelante.
Salimos un tres de Marzo, pasado el mediodía, estábamos muy contentos de partir al fin y llenos de dudas. El auto en el que partimos estaba a nombre de mi hermano y por lo tanto tuvimos que hacer varios trámites para sacarlo del país, pero no se podía hacer ningún trámite para aumentar la potencia del motor o hacerlo más alto para enfrentar los difíciles caminos que nos esperaban. Por eso en el norte terminamos de pertrecharnos, de papeles y de cosas que nos ayudaran en el camino.
La primera noche la pasamos en Tucumán, habiendo disfrutado el pasar de los paisajes sembrados y llegado a los valles entre las montañas de colores. En Tucumán visitamos el lugar en dónde se declaró la independencia de las provincias unidas, un 9 de Julio de 1810. La “casita” de Tucumán fue demolida y reconstruida, conservando de original sólo el salón de la jura. Igualmente es conmovedor pasear por su interior, ver los árboles que fueron testigos de los sentires y pesares de muchos de los hombres que pelearon por la Libertad de América, con las armas y las palabras.
Poco nos retuvo la ciudad, al día siguiente partimos para Tafí del Valle, por los Valles Calchaquíes, por ese camino angosto y de cornisa entre una vegetación exuberante, cascadas y vistas espectaculares. Esos valles llevan su nombre por un Cacique llamado Cal Chaquí que fue el último gran líder de la resistencia a la infame invasión española. Por Tafí pasamos unas horas, ya que a pesar de estar en un hermoso valle fértil, nos atraía llegar a Cafayate. Y eso hicimos, partimos hacia allá, pasando ahora por bosques de otro tipo: enormes cardones que parecen sacados de las películas del oeste. Y parando en las imperdible ruinas de Quilmes que son los restos de un asentamiento de indígenas que llevaban el mismo nombre y que a pesar de resistir más de cien años, terminaron vencidos y trasladados a las afueras de Buenos Aires… les suena el barrio de Quilmes? La ciudadela está en un lugar privilegiado entre medio de dos cerros al reparo del viento, con una vista al valle y el río que te invitan a suspirar. Y a pesar de que hoy solo hay ruinas se respira un aire especial.
En Cafayate pasamos la noche en un hostal muy acogedor, del estilo mochilero (Backpackers para los gringos). El pueblo es muy bonito e invita a recorrerlo, y fácilmente se lo hace a pie, las empanadas y los vinos hacen el resto.
Seguimos viaje hacia Salta, que por su arquitectura colonial y balcones de madera, es un buen lugar para pasear, aunque como toda ciudad grande, mucho más ruidosa, desordenada y más sucia de lo que cualquiera podría desear. Lo lindo es aprovechar para leer la historia que hay escrita en todas partes, del período incaico y colonial, y disfrutar de una vista panorámica desde el cerro. Frente a la plaza central está el MAAM (Museo Argentino de Alta Montaña), un museo donde se exponen los 3 niños incas que fueron encontrados intactos en el Volcán Lullaillaco. Se encuentran perfectamente conservados por las bajas temperaturas, es espeluznante verlos porque parecen solo dormidos, la piel, el pelo y las ropas ¡están intactos! Estos niños eran seleccionados por su belleza o estatus social para ser ofrendados a Viracocha (dios creador de la cultura Tiwanaku e Inca) junto con bellísimos objetos de oro y plata. Para ellos la vida y la muerte tenían otro significado que el nuestro, y la división no era tan clara, solo había diferentes niveles de existencia…
Pasamos luego por Jujuy, en dónde estuvimos poco tiempo pero pudimos sentir que todavía conserva un aire a pueblo. Conocimos la sede del movimiento Tupac Amarú y nos sorprendimos de la enorme cantidad de cosas que se han podido hacer gracias a esa cooperativa, lo mucho que se ha luchado y los buenos resultados que se han obtenido. También vimos un trasfondo político, por lo menos preocupante, pero que no alcanzamos a entender por completo, tarea para la casa.
Humahuaca nos gustó más que Tilcara y Purmamarca que están ya muy invadidos por el turismo. Humahuaca, la tierra de los Omaguacas, está más conservada, tiene la belleza de lo simple, lo humilde y lo rustico, es un pueblito color arcilla: las calles de tierra, el paisaje, las casitas bajitas, todo tiene ese color…
El centro de Purmamarca parece una plaza de Buenos Aires, llena de turistas y casi sin nada original, restaurantes “gourmet” y cafés de moda le quitan el encanto que solía tener. En Tilcara, las ruinas del pucará, después de haber visto las ruinas de Quilmes no impresionan demasiado. Y la ciudad está bien, no más.
Habiendo recorrido un poco el Noroeste y dejándonos llevar por nuestras ganas, nos fuimos quedando en los lugares que más nos abrazaron y huyendo de las masas de turistas…
De Purmamarca al Paso de Jama están las Salinas Grandes, un inmenso territorio blanco y desolado. Como se nos hizo tarde acampamos esa noche ahí, armamos la carpa con luna llena y con esfuerzo porque el suelo de sal no es muy blandito que digamos… pero pasar la noche ahí fue mágico, nada alrededor, un silencio sobrecogedor y el cielo abierto para nosotros. Además cumplimos un sueño de Francisco…
Bueno, hasta aquí la primera parte del viaje. Con hermosas imágenes del norte nos vamos rumbo a Chile, a probar las virtudes del autito, nuestra resistencia a la altura y la fortaleza de nuestro espíritu viajero.